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¡Uy! ¿Pero qué no podemos decir de la Sierra de las Minas? Aquí cuesta ser objetivos; es uno de los lugares más extraordinarios de Guatemala.

La forma más práctica de ver la Sierra de las Minas es imaginársela como una «isla en el aire». Este bosque nuboso es un remanente vivo con más de 20,000 años de antigüedad. Para ponerlo en perspectiva, es una edad que deja atrás a casi toda la historia de la humanidad: todo lo que hemos construido, desde la agricultura hasta la invención de la rueda y la historia escrita, es muchísimo más joven. De hecho, si miramos atrás, solo las pinturas rupestres de los humanos que habitaban las cuevas en Europa son más viejas que este bosque.

Desde esa lejana era del deshielo, conforme los glaciares se derretían y el calor tomaba su lugar en las tierras bajas, el bosque fue subiendo la montaña poco a poco en busca de un clima más fresco. Lo que hoy queda en las cumbres es una pequeña isla de bosque con un ecosistema sumamente delicado y lleno de endemismo. Esto significa que sus variedades de árboles, flora y organismos son únicas; aunque tengan similitudes con especies de otros lugares, genéticamente son diferentes.

Como un ejemplo de esto, según datos de Defensores de la Naturaleza, los monos aulladores —que son comunes en el trópico desde México hasta Costa Rica y muy similares entre sí— presentan características genéticas un tanto distintas y particulares aquí en la Sierra de las Minas.

Este lugar es la casa del majestuoso Quetzal, del enigmático Pavo de Cacho (un verdadero fósil viviente), de orquídeas únicas, de encinos en peligro de extinción, de magnolias prehistóricas y de hongos fascinantes. El reino de los hongos aquí es tan variado y único que pocos lugares en el mundo funcionan como este: actúa como un auténtico embudo climático que reúne, en un solo sitio, a casi todas las especies de hongos que existen en Norteamérica, desde la costa este hasta la costa oeste.

La Sierra de las Minas es un área especial que la ciencia, todavía hoy, no ha terminado de comprender por completo. Trabajar la tierra y producir nuestro café bajo la influencia de este misterio de la naturaleza es un privilegio que transmitimos en cada taza de Café de Las Minas.